Con este gran pintor venezolano, el mejor de todos sus compatriotas para mi, ocurren los avatares típicos en la vida de los artistas pero incrementadas, esta vez, por el hecho de ser Latinoamericano. A los catorce años Francisco de Sales Pérez, escritor y político venezolano, lo apadrina al ver el talento del joven Arturo. Le consigue una beca, por intermedio del presidente de la república Joaquín Crespo, y lo manda a estudiar a Francia, ahí obtiene la fama ganando una medalla de oro en: Le Salón des Artistes Français de 1887, Michelena fue el primer extranjero en obtener una medalla de ese tipo, el cuadro fue: L´Enfant Malade (El niño Enfermo), el mismo que Sotheby´s remató el 2004 alcanzando la cifra de 1.5 millones de dólares.

Todo un record para un artista sudamericano. Sotheby´s realizó la subasta enmarcando la obra en el estilo: pintura latinoamericana. Esto nos demuestra que hasta una prestigiosa casa de arte, y sus curadores, cometen errores garrafales. Es imposible catalogar la obra de cualquier pintor latinoamericano del siglo XIX como Pintura Latinoamericana; al hombre si a su obra no.

Jamás existió tal genero, ya que todos los artistas se formaron siguiendo la tradición pictórica europea, pintaron de forma académica con guiños al impresionismo y al abstracto, los que alcanzaron a llegar a principios del siglo XX, el resto murió manteniendo la forma academica.

La Pintura Latinoamericana, como género, nace con los muralistas mexicanos a principios del siglo XX, lo único de ahí para atrás que se podría catalogar así, son las diferentes representaciones artisticas de los pueblos indigenas.

Con Carlota Corday obtiene otra medalla de oro en la Exposición Universal de París en 1889. El pago de su gobierno ante tanto éxito y esfuerzo es el mismo pago que tienen las autoridades de toda Sud América con sus genios creativos, el quitarles la subvención.

Vuelve a Caracas y aprovechando el éxito europeo abre las puertas de la sociedad venezolana, pinta retratos de acaudalados hombres y sus señoras, esto lo aburre pero lo mantiene financieramente viviendo.

En 1888 pinta un retrato ecuestre del Libertador, es el retrato solemne de un hombre digno con algo dando vueltas en su cabeza, talvez la unidad latinoamericana.

“Miranda en la Carraca” (1896), para mi es uno de sus mejores cuadros, con gran maestría por parte del pintor, vemos reflejado esa rabia y ese dolor en los ojos y ese orgullo en la actitud de Francisco Miranda durante su encarcelamiento, por insurrección, en la cárcel de las cuatro torres en Cadiz. Donde lo enviaron las autoridades españolas, cuando lo hicieron preso en la Guaira, violando la capitulación de la Primera República. Allí, Miranda permaneció encarcelado hasta su muerte.

Este es mi otro cuadro favorito de Michelena, Pentesilea de 1891. Pentesilea era la reina de las Amazonas que asesinó el heroe Aquiles en una batalla. Mientras agonizaba, cara al cielo, Aquiles se acercó viendo como aumentaba su belleza y encanto, el pobre hombre no pudo más que enamorarse de su muerte.

En 1896 pinta Diana Cazadora, para mi la obra mas latinoamericana del pintor, algo raro si consideramos el retrato de una diosa griega con perros ingleses a sus pies. Es ese uso del color lo que me hace recordar escenas tropicales, ese estilo Kitsch de alegria y danza pagana, que podría haberlo llevado a algo mas personal.

El general Joaquín Crespo (1841- 1898) sale a combatir un intento golpista y cae muerto, por una bala anónima en La Mata Carmelera. Este es el retrato ecuestre del gran y correcto militar anti golpista, hecho en 1897.

Ya enfermo y postrado en cama, pinta amarrando sus pinceles a largas varas, temas religiosos o épicos como Panteón de los Héroes en 1898. Muere a los 35 años, este pintor venezolano, dejando una vasta producción y un enorme legado. Legado de un artista Latinoamericano formado en la Europa del siglo XIX, con un estilo Postromántico si queremos catalogarlo dentro de algún género.








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